Cuando uno piensa en relajarse y descansar, a la mente le vienen imágenes de playas exóticas de arena blanca con sus mares azules, o paisajes con increíble baños termales que la naturaleza nos regala, puesto como dicen por ahí no hay nada más relajante que un buen baño de agua caliente. Y es la propia naturaleza la que nos brinda lugares donde no sólo podremos relajarnos con estas aguas temperadas sino que podremos apreciar un paisaje que ha llevado muchos siglos de formación y que impresionaran a nuestros sentidos.

Un ejemplo de esta naturaleza es Pamukkale (Turquía): también conocida como castillo de algodón, por su color blanco proveniente de los minerales que la conforman. Su estructura se asemeja a una serie de terrazas que se encuentran dispuestas en cascada formando depósitos de calcio que le dan su color blanco característico.
Estas aguas por su contenido mineral poseen ciertos atributos que las han vuelto muy populares, ya que se dice que tienen propiedades medicinales para el tratamiento de ciertas enfermedades como el asma o el reumatismo. Con una temperatura promedio de 35° C y un caudal de 240 litros por segundo y los impresionantes atardeceres que se pueden contemplar con el sol perdiéndose entre estas blancas cascadas, convierte a estos manantiales naturales en una extraña mezcla de belleza, salud y relax, brindándole toda una experiencia al viajero.

Además de disfrutar de los deliciosos baños termales también podemos hacer un recorrido histórico por las ruinas de Hierápolis que se encuentran cercanas a estos manantiales. Hierápolis fue una villa que se construyó en el 190 A.C por orden del rey de Pérgano, Eumenes II y que llego a su máximo esplendor con Bizancio.
La mejor forma de llegar es yendo por Estambul y luego recorrer 200 kilómetros con dirección a Denizli hasta llegar a Pamukkale.